lunes, 2 de abril de 2012

LO PROHIBIDO

LO PROHIBIDO



Al nacer la vida parece fácil, comer, dormir, llorar… Pero conforme transcurre el tiempo, la situación cambia, se complica; no funciona más el llanto. Se torna molesto, hasta insoportable para la madre y los demás. Tienes que pedir las cosas, apelando a la buena voluntad (y a los bolsillos) de los padres; si nos va bien, tendremos lo deseado… una paleta, un chocolate, un pastelillo o hasta un videojuego.

En la adolescencia el suplicio es mayor cuando deseas algo, además de pedir, también tienes que dar… buenas calificaciones, buen comportamiento, ayudar en la casa; en pocas palabras, ser presto y servicial. Sin embargo, comenzamos a desear otras cosas imposibles de adquirir con dinero: la popularidad en la clase, el respeto de los compañeros, el corazón de una chic@... Asuntos más o menos vánales, pero que nos roban el tiempo… ideas que dan tumbos en nuestro árido pensamiento. Imágenes que nos obligan, nos arrastran hacia la lucha por alcanzarlos.

Al parecer todo acurre normal, conforme a lo previsto. Empero, más allá de las cosas deseables posibles e imposibles, esta lo prohíbo, lo insano, lo perverso… que tentador y lascivo, recorre nuestro ser, estremeciéndonos hasta los huesos.Fruto prohibido, que pudo más que Adán; muy a pesar de su origen divino, no alcanzo a resistirse. Escusa que arropa a los amantes de la lujuria, adoradores de Baco, ciervos de afrodita.Que en la complacencia de la obscuridad, lejos de las miradas juiciosas; dan rienda suelta sus pasiones, a sus crapulencias, liberan sus deseos, hasta los límites de la piel y el entendimiento. Pudiendo tocar el cielo y el infierno al mismo tiempo, elevándolos al éxtasis de su existencia, al encuentro consigo mismo, a la aceptación reprimida: a pesar de todo.
Sin importar las leyes, las recriminaciones o señalamientos; el infierno importa un carajo, uno no tiene la culpa de haber nacido con el mal adentro, y que solo en ocasiones lo dejamos suelto.

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